¿Plagio o ganas de notoriedad?

Por Leopoldo Santos Ramírez / Dossier Político

Dia de publicación: 2013-11-24

Mayo Cuauhtémoc Murrieta Saldívar.

El pasado 14 de noviembre, el escritor Mayo Murrieta presentó la segunda edición de su libro en coautoría con María Eugenia Graff, “Por el milagro de aferrarse: tierra y vecindad en el Valle del Yaqui”. Al final de la presentación en El Colegio de Sonora a pregunta expresa dijo que el capítulo 17 del libro “Yaquis”, de Paco Ignacio Taibo ll, éste se lo había “fusilado” del libro “Por el milagro de aferrarse”. En Taibo, el capítulo 17 se refiere a la participación de Carlos Conant Maldonado en el conflicto porfirista con los yaquis por arrebatarles sus tierras y las peripecias que este personaje de la elite oligárquica hubo de pasar para conseguir capital suficiente para construir los canales y abrir nuevos terrenos al cultivo, siempre dentro de tierras arrebatadas a los yaquis.

En su participación, Mayo Murrieta afirmó, … “es que Paco Ignacio hace reconocimiento bibliográfico a nuestro libro, pero en el capítulo 17 estructura de la misma manera y con los mismos contenidos un capítulo mío de Carlos Conant en este libro. Yo digo que se aventó un fusil muy bueno, que yo agradezco pues está reconociendo la calidad de mi libro. Y se lo agradezco doble porque es un hombre reconocido, público y voraz depredador de… ¿cómo se llama cuando le dan regalías a la gente?. O sea, se vende y vende mucho. Bueno, yo iba a firmar una carta pero lo platiqué con José Rómulo Félix, lo platiqué con Gustavo Lorenzana y me dijeron ¡cállate la boca!, pues si el pendejo eres tú cabrón”, refiriéndose ellos a la reconocida fama del escritor de “Yaquis”.

Con esto Mayo Murrieta hizo una acusación fuerte que merece ir más allá de una simple denuncia en un foro académico como lo constituyó la presentación del mencionado libro. Como él mismo lo declara estaba decidido a presentar una carta denunciando el plagio contra Paco Ignacio, pero desistió porque sus amigos le aconsejaron que no lo hiciera. Pero eso no basta, el hecho de hacer pública una acusación tan grave lo responsabiliza de probarla con hechos, documentos o cualquier otro medio que él mismo crea conveniente.

No es cosa menor venir a plantear en un foro académico una acusación como la que hizo el referido autor. Solamente que no proporcionó ningún otro elemento o prueba de su denuncia que no fuera esa escueta acusación. No nos dijo qué páginas o párrafos de su libro fueron plagiados, lo cual deja a una declaración de ese tamaño en la incertidumbre fatal. Sin embargo, en una lectura cuidadosa de lo que Paco Ignacio escribió sobre Conant en “Yaquis” no se encuentra nada parecido a lo que Murrieta escribió a su vez en su propio texto. Es más, el personaje Conant de Mayo Murrieta es diametralmente opuesto al Conant de Paco Ignacio. En Murrieta, Conant aparece como “el visionario canalizador del Río Yaqui”, el porfirista modernizador que impulsaba el progreso para el Valle, aún a costa de apoderarse por cualquier medio de las tierras de los yaquis. En cambio a Paco Ignacio le bastan cinco hojas para destruir la imagen del pionero y colonizador Conant y reducirlo a lo que fue, un acaparador y especulador de tierras, enemigo a muerte de los yaquis y represor de obreros, a quienes fusiló en Pinos Altos, Chihuahua defendiendo a patrones estadunidenses, y a quien por fin no le funcionan los negocios y Conant fue a la quiebra en 1901.

En realidad el libro de Murrieta repite las apologías de Claudio Dabdoub para Conant. Es decir, se une a la pléyade de escritores que al reproducir la ideología racista de la oligarquía obregonense han construido un tipo de relato histórico que en realidad lo que hace es considerar al indio yaqui como semicivilizado, incapaz de comprender el progreso al que a fuerza se le quería someter, tal y como en su época lo hacían los ideólogos porfiristas. Los libros de Dabdou, “Historia del Valle del Yaqui”, así como su texto “Reforma Agraria, conjura contra México”, prolijos en datos y con una magnífica organización del relato, sin embargo tienen el error fácilmente detectable de que cuentan la historia al revés. Para el primer libro, los indígenas son los hostiles, los que roban y asesinan a los colonos que invadieron sus tierras apoyados en un proceso de ocupación y militarización del territorio de los pueblos del río, hasta que la oligarquía terrateniente decide proponerse el genocidio mediante un exterminio casi total que reduce a los yaquis al 14 por ciento del total de su población en ese momento. Los héroes en este caso son los esforzados “pioneros” capitalistas que especulaban con las tierras arrebatadas con violencia a los pueblos del río yaqui. En el segundo libro de Dabdou, publicado en 1980, el agrarismo es una conjura contra México, a la usanza de los razonamientos que años antes utilizaron los latifundistas del Valle del Yaqui para oponerse al reparto de tierras y a la creación de ejidos colectivos en 1967.

Por su parte, el libro “El Milagro de aferrarse” de Murrieta está construido a través de historias orales de quienes vivieron la etapa de los años treinta, época plena de la crisis mundial capitalista y de quienes recuerdan etapas anteriores que no les tocó vivir pero que por tradición oral han ido hilvanando. Lo primero que resalta en el libro es la ausencia de yaquis que narren su propia historia. Estos son personajes sin voz propia en el relato y solamente tenemos noticias de ellos a través de los dichos e ideas de otros personajes la mayoría de ellos ligados a inversionistas extranjeros o a ricos hacendados y que no tienen un buen concepto de los yaquis. Otros informantes son los propios nietos o parientes de los denominados pioneros cuya parcialidad es más que evidente. Solamente en el caso del conflicto agrario hay un dejo de opiniones favorables a los trabajadores agrícolas aunque los relatos terminan declarando el fracaso del ejido como si no hubieran existido los ejidos exitosos, aun en la época de la depresión económica. A pesar de los conflictos existentes en el yaqui con trabajadores agrícolas solicitando tierras para cultivar y con los propios yaquis, Murrieta quiere suavizar el ambiente regodeándose al construir imágenes costumbristas no desprovistas de colorido pero ocultadoras de lo que realmente estaba pasando. Por otra parte los relatos son difíciles de seguir por lo desorganizado y los saltos que da de un tema a otro. Por supuesto que a ese libro le hace falta un buen índice onomástico y temático.

En realidad vuelvo a lo que escribí líneas arriba y que había anticipado desde mi reseña al libro de Paco Ignacio, publicada por Dossier Político. La declaración de Mayo Murrieta se suma a otras de diversa índole que el libro “Yaquis” de Paco Ignacio ha provocado entre los historiadores regionales. Esto obedece a varias razones, en primer lugar porque por primera vez se hace una historia sobre los 43 años de guerra de genocidio contra los yaquis, se rescata su memoria y también al seguir los pasos de Fabila y Spicer, Taibo reabre la oportunidad para que los yaquis recuperen la memoria histórica que les ha sido enajenada por la visión de los yoris vencedores del Valle.

Como nota importante, Taibo no menciona como referencia al libro de Mayo Murrieta, sino un artículo que éste escribió para el Diario del Yaqui el 24 de noviembre de 2012, titulado “Por el milagro de aferrarse. La Confesión del Valle del Yaqui”, (p. 270 en Taibo).

Hermosillo, Sonora, 24 de noviembre, 2013.

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