De la ofensiva neocolonial a una posible respuesta liberadora

Boletin ALBA

En México vivimos tiempos aciagos. La ofensiva más agresiva del régimen en los últimos años está topando con la generalización de la protesta; la exacerbación de la ocupación neocolonial norteamericana como respuesta a la crisis mundial ha detonado la emergencia de nuevos actores en rebeldía y ha agudizado las contradicciones interburguesas. La inminente crisis económica del país y el acumulado histórico -de agravios y resistencias- del periodo neoliberal están a punto de colisionar.

Luego de que los legisladores aprobarán un conjunto de leyes que complementan una reforma cultural, educativa y  laboral en contra de la educación pública y los derechos de los trabajadores las protestas se generalizaron.  El gobierno confió que la inconformidad que se había expresado en contra de esta iniciativa desde inicios de año llegaría a su fin con la negación rotunda de las demandas magisteriales. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Un masivo campamento llenó la principal plaza del país y brotaron protestas de miles de maestros no sólo en las regiones ya movilizadas, sino en casi todo el territorio nacional, incluso en lugares donde el control y represión del corporativismo oficial había logrado la inmovilización por decenas de años.

El 13 de septiembre pasado, en un despliegue policiaco militar desproporcionado desalojó el campamento de maestros en el centro del DF con el pretexto de “liberar la plaza” para las celebraciones alusivas a inicio de la gesta independentista en el país. La respuesta ciudadana y popular fue contundente: a pesar del mensaje intimidatorio cientos de miles de personas –por no decir millones- salieron en los días sucesivos en muchos lugares a condenar el acto, a solidarizarse con los maestros y a manifestar el rechazo al régimen. La iniciativa contra la resistencia resultó contraproducente.

Las inusitadas movilizaciones responden no sólo a la reforma educativa, sino a la imposición de un paquete de reformas dictadas desde Washington y formalizadas en México a partir del “Pacto por México”, un acuerdo un acuerdo interpartidario que a decir de uno de los firmantes del PRD (partido de izquierda más grande del país, firmante de dicho Pacto), recupera la experiencia del signado en 1977 tras la dictadura de Franco en España.

El presidente actual Enrique Peña Nieto (EPN) entró en escena –a pesar de la generalización masiva de protestas en su contra- con un esquema de control mediático muy fuerte, del control económico de los sectores más pobres del país para consumar la agenda política neoliberal más ambiciosa de la historia (expresada en el Pacto citado), que si no fuera por el entendimiento que es una iniciativa necesaria del imperio norteamericano, podría pensarse que los políticos mexicanos son suicidas.

La agenda del nuevo gobierno ya avanzó con una reforma laboral para acrecentar el margen de superexplotación de los trabajadores, la apertura del espectro radioeléctrico a algunas empresas privadas y la reforma educativa antes mencionada. Pendientes, para el periodo de los “120 días de grandes transformaciones” (EPN dixit) anunciadas el primero de septiembre está la reforma energética que busca privatizar totalmente el sector energético en el país para entregarlo al bigoil y una reforma fiscal incompleta, que cuidando de no golpear a las capas que viven en pobreza extrema para beneficiar a los más ricos, busca sangrar a los sectores más amplios

Insistimos: hay que ver en lo que ocurre en México otra de las respuestas desesperadas de Estados Unidos para salir de la crisis como es la inminente invasión a Siria, las masacres en Egipto, el sabotaje energético a Venezuela y la violencia contra el paro agrario en Colombia. Washington está consciente que nuestro país se le puede salir de control, ha dicho que existe “la posibilidad de que en los próximos 25 años, el Estado mexicano ‘se derrumbe” y por ende el NorthCom decidió de tomar a México como su frontera interna en 2002, impuso una guerra  “contra el narcotráfico y el terrorismo”, sostiene una ayuda económica-militar (Iniciativa Mérida), dictó la “integración energética de la América del Norte” bajo la premisa de borrar “las diferencias nacionales entre Canadá, EU y México” y ha generalizado los conflictos armados en el país hacia una posible balcanización.

Hoy la resistencia de los maestros, en especial de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE- principal referente de lucha desde hace 33 años) aparece como la expresión más acabada de la resistencia contra la respuesta a esa crisis. De ahí viene la simpatía y solidaridad que está despertando. A ella hay que sumarle: la generalización de luchas ambientales, indígenas y territoriales, los enfrentamientos entre grupos de autodefensa popular y el ejército, las luchas contra la violencia y la militarización, así como el fermento aún latente de lucha juvenil estudiantil que se corporizo en el periodo electoral pasado en el Movimiento #Yo Soy 132 (que ahora vuelve a levantarse en algo que empieza a asumirse como la revancha de una lucha que se vio frustrada con la imposición del candidato oficial como presidente de México) y los esfuerzos de crear un Frente o Comité de Salvación Nacional que lanza hoy una amplia unidad social llamada Proclama por el Rescate de la Nación.

Se abre un nuevo escenario que avanza hacia el cuestionamiento masivo del régimen y a que la permanencia del Presidente de México en su cargo se ponga en duda. Las posibilidades de hegemonizar el descontento desde el pueblo son más latentes que nunca, aunque no es una tarea sencilla dado que la ocupación neocolonial avanza bajo una de las formas más cruentas del imperio, aunque invisibilizada casi por completo.

Para las fuerzas populares la unidad en torno al rescate de la nación se vuelve lo central. En días próximos un amplio espectro de organizaciones, movimientos, sindicatos, intelectuales, artistas llamarán a la creación de un Comité, Frente o Movimiento de Salvación Nacional. Los movimientos avanzan entendiendo que la liberación nacional es la vía para alcanzar la segunda y definitiva independencia del continente, de profundizar la revolución bolivariana.

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